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Cleopatra vivió más cerca de la llegada a la Luna que de la construcción de la Gran Pirámide

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Las pirámides de Guiza sobre la arena dorada del desierto, bajo un cielo azul
Walkerssk / Wikimedia Commons · CC0

·3 min de lectura·Historia·8 vistas

Unos 2.500 años separan la Gran Pirámide de Cleopatra, y unos 2.000 separan a la reina del Apolo 11. El antiguo Egipto ya era antiguo para los propios egipcios.

Cleopatra vivió más cerca, en el tiempo, de la primera llegada del ser humano a la Luna que de la construcción de la Gran Pirámide de Guiza. Es uno de esos datos que parecen falsos la primera vez que se oyen, así que vale la pena hacer las cuentas.

La Gran Pirámide se construyó para el faraón Keops, que reinó a mediados del siglo XXVI antes de nuestra era. Suele datarse hacia el 2560 a. C. Cleopatra VII, la famosa última reina de Egipto, nació en el 69 o el 70 a. C. y murió en el 30 a. C. El Apolo 11 se posó en la Luna el 20 de julio de 1969. De la pirámide al nacimiento de Cleopatra: unos 2.500 años. De su muerte al primer paso de Neil Armstrong: unos 2.000 años. Como resume la Encyclopaedia Britannica, vivió cientos de años más cerca de nuestro tiempo que de la construcción de la Gran Pirámide.

La confusión viene de la forma en que guardamos la historia en la cabeza. Pirámides, momias, jeroglíficos y Cleopatra van al mismo cajón con la etiqueta “antiguo Egipto”, como si fuera una sola época. En realidad, la civilización egipcia duró unos tres mil años. Para Cleopatra, la Gran Pirámide ya era un monumento de un pasado remoto, más antiguo para ella que el Imperio romano para nosotros. Era además la estructura más alta construida por el ser humano, título que conservaría durante casi 4.000 años, hasta que la aguja de la catedral de Lincoln, en Inglaterra, la superó en el siglo XIV.

La propia Cleopatra es un buen ejemplo de lo mezclado que era ese “antiguo Egipto”. Pertenecía a la dinastía ptolemaica, descendiente de Ptolomeo, un general macedonio de Alejandro Magno. Su familia hablaba griego y llevaba casi tres siglos gobernando Egipto. Según el escritor griego Plutarco, hablaba muchas lenguas y fue la primera gobernante de su dinastía en aprender egipcio, la lengua del pueblo al que gobernaba.

Cuando uno empieza a fijarse, la cronología está llena de sorpresas así. Mientras se construían las pirámides de Guiza, todavía vivían mamuts lanudos. La última población sobrevivió en la isla de Wrangel, frente a la costa de Siberia, hasta hace unos 4.000 años, según estudios genéticos y fósiles recogidos por National Geographic. Otra favorita: la Universidad de Oxford es más antigua que el Imperio azteca. La propia universidad dice que en Oxford ya se enseñaba de alguna forma en 1096, mientras que Tenochtitlan, la capital azteca, se fundó hacia 1325.

El truco también funciona al revés. La plaga del baile que se apoderó de Estrasburgo en 1518 parece una leyenda medieval, pero ocurrió una generación después de que Colón llegara a América. Y la Voyager 1, hoy el objeto humano más lejano de la Tierra, se lanzó solo ocho años después del Apolo 11.

¿Por qué importa? Porque la forma en que imaginamos el pasado moldea la forma en que lo entendemos. Ver a Cleopatra como una figura casi moderna, que miraba las pirámides como nosotros miramos unas ruinas antiguas, ayuda a entender que era una líder política de su tiempo, que trataba con Roma, Julio César y Marco Antonio, y no un personaje de los albores de la historia.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica (One Good Fact); NASA (Apollo 11); Plutarco, Vida de Antonio; National Geographic; University of Oxford (Our history); Smithsonian Magazine. Portada: las pirámides de Guiza, por Walkerssk, Wikimedia Commons, CC0.

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