Tardígrados: los animales de medio milímetro que sobrevivieron al vacío del espacio

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Viven en el musgo de tu pared, pasan años sin agua y volvieron vivos tras 10 días en el espacio abierto. Conoce a los animales más resistentes de la Tierra.
Es muy posible que una criatura capaz de sobrevivir en el espacio esté viviendo a pocos metros de ti ahora mismo. Toma un mechón de musgo húmedo de una pared o un árbol, déjalo en remojo y míralo con un microscopio sencillo. Tarde o temprano verás un animalito rechoncho y translúcido, con ocho patitas cortas, caminando despacio como un osito. Es un tardígrado.
Los describió por primera vez en 1773 el pastor alemán Johann August Ephraim Goeze, que los llamó “kleiner Wasserbär”, pequeño oso de agua. Tres años después, el científico italiano Lazzaro Spallanzani les dio el nombre de Tardigrada, “los que caminan despacio”. Hoy se conocen más de 1.300 especies, que viven desde el Himalaya hasta el fondo del mar. La mayoría mide menos de medio milímetro; los más grandes apenas pasan de un milímetro.
Su superpoder se llama anhidrobiosis, vida sin agua. Cuando su entorno se seca, los tardígrados recogen las patas y la cabeza, pierden casi toda el agua del cuerpo y se encogen en un barrilito seco llamado “tun”. En ese estado su metabolismo se vuelve casi indetectable. Pueden quedarse así durante años y, cuando vuelve el agua, se rehidratan y se van caminando.
En estado de tun, pruebas de laboratorio han mostrado tardígrados que sobreviven a temperaturas cercanas al cero absoluto, unos −272 °C, y a breves exposiciones a calor cercano o incluso superior al punto de ebullición del agua. Han soportado presiones de 7,5 gigapascales, unas 75.000 veces la presión del aire que nos rodea, y dosis de radiación cientos de veces mayores que las que matarían a un ser humano.
En septiembre de 2007, la Agencia Espacial Europea decidió probar el límite definitivo. En el experimento TARDIS, tardígrados secos viajaron en la cápsula rusa FOTON-M3 y pasaron unos diez días expuestos al espacio abierto, a una altitud de entre 260 y 280 kilómetros. Los resultados, publicados en Current Biology en 2008 por un equipo dirigido por K. Ingemar Jönsson, fueron asombrosos: el vacío y el frío del espacio por sí solos no afectaron su supervivencia. Lo que sí les afectó fue la luz ultravioleta completa del Sol. En el grupo expuesto a todo solo sobrevivieron unos pocos, pero bastó para convertirlos en los primeros animales conocidos en sobrevivir a la exposición directa al espacio.
Parte del secreto se descubrió en 2016, cuando investigadores japoneses dirigidos por Takekazu Kunieda y Takuma Hashimoto secuenciaron el genoma de la especie Ramazzottius varieornatus. Encontraron una proteína exclusiva de los tardígrados y la llamaron Dsup, de “damage suppressor”, supresor de daños. Parece envolver el ADN como un escudo. Cuando los científicos introdujeron el gen en células humanas cultivadas en laboratorio, esas células sufrieron cerca de un 40 % menos de daños en el ADN por rayos X. Hoy se estudia si ideas así podrían ayudar algún día a proteger a los astronautas o conservar vacunas sin refrigeración.
Los tardígrados incluso han llegado a la Luna, aunque no por elección. En abril de 2019, la sonda israelí Beresheet se estrelló contra la superficie lunar con miles de tardígrados secos en un pequeño archivo. Un estudio de 2021 disparó tardígrados con un cañón de gas para recrear el impacto y concluyó que casi seguro no sobrevivieron al choque. Aun así, la Luna está a la vuelta de la esquina: el objeto humano más lejano, la Voyager 1, está a cerca de un día luz de la Tierra.
Una última sorpresa: los tardígrados no son inmortales. Los activos viven de unos meses a un par de años y son mucho más frágiles cuando están despiertos. Su verdadero talento no es ser invencibles, sino saber pausar la vida y esperar días mejores.
Fuentes: Agencia Espacial Europea (experimento TARDIS), Jönsson et al., Current Biology (2008), Hashimoto et al., Nature Communications (2016), Traspas y Burchell, Astrobiology (2021). Portada: Milnesium tardigradum al microscopio electrónico de barrido, Schokraie et al., PLoS ONE (2012), CC BY 2.5.

