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El pulpo tiene tres corazones y sangre azul, y uno de ellos se detiene cuando nada

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Un pulpo común extendiendo sus brazos y sus ventosas blancas sobre las rocas
H. Zell / Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0

·3 min de lectura·Ciencia·32 vistas

Dos corazones bombean la sangre por las branquias, un tercero la envía al cuerpo y el cobre la vuelve azul. El detalle: el corazón principal se detiene cada vez que el pulpo nada.

El pulpo tiene tres corazones y sangre azul, y cada vez que nada, uno de esos corazones deja de latir. Parece una adivinanza, pero es simplemente cómo funciona el cuerpo de un pulpo.

Los tres corazones se reparten el trabajo. Dos de ellos, llamados corazones branquiales, están en la base de las branquias y empujan la sangre a través de ellas, donde libera dióxido de carbono y recibe oxígeno. El tercero, el corazón sistémico, bombea luego esa sangre rica en oxígeno hacia los órganos y músculos. El National Aquarium de Baltimore lo compara con el corazón humano: los dos corazones pequeños hacen el trabajo de nuestro lado derecho, que envía la sangre a los pulmones, y el grande hace el del lado izquierdo.

El color azul viene de la química. Nuestra sangre transporta oxígeno con la hemoglobina, una proteína construida alrededor del hierro, que se vuelve roja al unirse al oxígeno. Los pulpos, igual que los calamares, las cacerolitas de mar, algunas tarántulas y escorpiones, usan la hemocianina, una proteína construida alrededor del cobre. Cuando se une al oxígeno, se vuelve azul. Y en lugar de estar guardada dentro de glóbulos rojos, como la nuestra, flota libre en la sangre.

Pero hay una trampa: la hemocianina transporta peor el oxígeno que la hemoglobina. En su libro clásico sobre la fisiología del pulpo, el zoólogo Martin Wells señaló que la sangre de los cefalópodos lleva menos de 5 mililitros de oxígeno por cada 100 mililitros, frente a unos 15 en los peces. Los tres corazones ayudan a compensarlo, bombeando la sangre por el cuerpo a mayor presión.

Y entonces llega la parte más extraña. En 1987, Wells y sus colegas midieron la presión sanguínea de pulpos comunes que se movían libremente en el laboratorio. Cuando un pulpo nada a chorro, expulsando agua de su cuerpo, la presión dentro del manto sube tanto que la sangre ya no puede volver al corazón sistémico, y este simplemente se detiene. Como el pulpo solo aguanta una pequeña deuda de oxígeno, el estudio concluyó que nadar a chorro es imposible durante más de unos pocos metros. Por eso los pulpos suelen preferir arrastrarse por el fondo y reservar el nado para las huidas.

La sangre azul sí tiene una ventaja en el frío. Un estudio de 2015 sobre el pulpo antártico Pareledone charcoti, que vive en aguas cercanas al punto de congelación, mostró que lleva mucha más hemocianina que sus parientes de aguas cálidas, y que su hemocianina sigue entregando oxígeno a 0 °C. Sin embargo, la misma proteína pierde fuerza para retener el oxígeno en agua más ácida, y el Smithsonian advierte que eso podría complicar la vida de los pulpos a medida que los océanos se vuelven más cálidos y ácidos.

La naturaleza está llena de diseños así: en Australia, el wombat hace caca en forma de cubo. Pero pocos animales han llevado su propia fontanería tan lejos como el pulpo, un molusco pariente de las almejas que terminó con tres corazones, sangre azul y un corazón que se apaga cada vez que decide nadar.

Fuentes: Smithsonian Ocean; National Aquarium; Wells et al., Journal of Experimental Biology (1987); Martin Wells, Octopus: Physiology and Behaviour of an Advanced Invertebrate (1978); Oellermann et al., Frontiers in Zoology (2015); BBC Science Focus; Smithsonian Magazine. Portada: pulpo común (Octopus vulgaris), por H. Zell, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

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