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El Monopoly lo inventó una mujer para mostrar lo injustos que son los caseros

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Tablero de The Landlord's Game, de Elizabeth Magie Phillips, basado en la patente de 1924, precursor del Monopoly
Lucius Kwok / Wikimedia Commons · CC BY 2.5

··4 min de lectura·Cultura pop·112 vistas

Mucho antes de Parker Brothers, Lizzie Magie patentó The Landlord’s Game en 1904 como advertencia contra los monopolios. Le pagaron 500 dólares y luego la olvidaron.

Durante décadas, la caja contó una historia redonda. En plena Gran Depresión, un vendedor desempleado de Filadelfia llamado Charles Darrow inventó un juego de mesa en la mesa de su cocina, se lo vendió a Parker Brothers en 1935 y se hizo rico. Era el cuento americano perfecto. Solo que no era verdad.

El juego nació treinta años antes, en la cabeza de Elizabeth “Lizzie” Magie, de Brentwood, en Maryland. Magie no era una mujer típica de su época. Trabajaba como taquígrafa, escribía poemas y cuentos, actuaba en el teatro y en 1893 ya había patentado un dispositivo para facilitar el uso de las máquinas de escribir. También era seguidora apasionada del economista Henry George, que defendía gravar la tierra para que unos pocos propietarios no se enriquecieran solo por poseerla.

Para explicar esas ideas, creó un juego. El 23 de marzo de 1903 solicitó la patente de The Landlord’s Game (“El juego del casero”), concedida el 5 de enero de 1904 como patente estadounidense 748.626. El tablero le resultará familiar a cualquiera que haya jugado al Monopoly: un recorrido cuadrado con propiedades, ferrocarriles, servicios públicos y cuatro esquinas. Una esquina decía “El trabajo sobre la Madre Tierra produce salarios”, donde los jugadores cobraban dinero. Otra era el Asilo de Pobres. Y había una esquina del ficticio Lord Sangre Azul, con un cartel: “Prohibido el paso — Vaya a la cárcel”.

El objetivo era educativo. Los jugadores descubrirían, por las malas, cómo una persona que acumula tierras y alquileres puede arruinar a todos los demás. Más tarde, Magie describió dos juegos de reglas: uno en el que todos ganaban cuando se creaba riqueza, y una versión monopolista en la que el objetivo era aplastar a los rivales. Adivina cuál se hizo popular.

En 1909, Magie ofreció el juego a Parker Brothers, que lo rechazó por demasiado complicado. Pero The Landlord’s Game cobró vida propia. Se difundió entre estudiantes universitarios, en comunidades cuáqueras y en pueblos del noreste de Estados Unidos. La gente fabricaba sus propios tableros a mano, cambiaba las reglas y rebautizaba las calles con las de su barrio. En Atlantic City, Nueva Jersey, los jugadores usaban calles locales como Boardwalk, Park Place y Marven Gardens, que una copia posterior escribió mal como “Marvin Gardens”.

Esa fue la versión que Charles Darrow aprendió de unos amigos hacia 1932. Copió el tablero casi idéntico, errores incluidos, añadió algunas ilustraciones y empezó a venderlo. En 1935, Parker Brothers compró los derechos y Darrow recibió su propia patente en diciembre de ese año. Se convirtió en el primer diseñador de juegos de mesa en ganar un millón de dólares.

Para protegerse, Parker Brothers también compró la patente actualizada de Magie, de 1924. Ella recibió 500 dólares y ninguna regalía. Habló con periodistas sobre la injusticia, pero la versión oficial se impuso durante décadas, y murió en 1948 sin el reconocimiento por su juego.

La verdad volvió en los años setenta, casi por casualidad. Un profesor de economía llamado Ralph Anspach creó un juego llamado Anti-Monopoly y la empresa lo demandó. Preparando su defensa, rebuscó en archivos antiguos y encontró las patentes de Lizzie Magie. Más recientemente, la periodista Mary Pilon contó toda la historia en su libro The Monopolists. Hoy el Monopoly es uno de los juegos de mesa más vendidos de la historia, y la mayoría de quienes juegan están, sin saberlo, representando justo la lección sobre la que su inventora quería advertirnos. Y no es el único invento que terminó lejos de su propósito original: el plástico de burbujas nació para ser papel tapiz.

Fuentes: Smithsonian Lemelson Center for the Study of Invention and Innovation, HISTORY, Mary Pilon, The Monopolists (2015), patente estadounidense 748.626. Portada: tablero de The Landlord’s Game basado en la patente de 1924, por Lucius Kwok, CC BY 2.5.

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