La Gran Inundación de Melaza: el día en que una ola de jarabe mató a 21 personas en Boston

·3 min de lectura·Historia·33 vistas
En enero de 1919, un tanque gigante estalló en Boston y liberó 8,7 millones de litros de melaza. La ola pegajosa aplastó edificios, mató a 21 personas y cambió las normas de seguridad.
El 15 de enero de 1919 fue un día inusualmente cálido en Boston, y el North End, un barrio abarrotado junto al puerto, estaba lleno de gente que aprovechaba la tregua del invierno. Poco después del mediodía se oyó un estruendo sordo. Muchos pensaron que era el tren elevado. Era un tanque de acero de 15 metros de altura que reventaba y vertía cerca de 8,7 millones de litros de melaza en las calles.
Lo que salió fue una ola. Los relatos de la época hablan de entre 5 y 12 metros de altura y unos 49 metros de ancho, avanzando a unos 56 km/h. Aplastó casas de madera, sacó de las vías a un tren elevado y arrancó de sus cimientos el cuartel de bomberos de la Engine 31, que casi terminó en el puerto. Murieron 21 personas y unas 150 resultaron heridas. Entre los muertos había dos niños de 10 años, Pasquale Iantosca y Maria Distasio, y el bombero George Layhe, que, según los relatos, acababa de acostarse cuando la melaza llegó al cuartel. También murieron varios caballos.
¿Por qué había tanta melaza en medio de una ciudad? El tanque pertenecía a la Purity Distilling Company, filial de United States Industrial Alcohol, y se había construido en 1915 en Commercial Street. La melaza llegaba en barco desde el Caribe y se fermentaba para producir alcohol industrial, muy demandado durante la Primera Guerra Mundial para fabricar municiones.
Las señales de alarma estaban ahí desde el principio. El tanque goteaba tanto que los niños del barrio recogían la melaza en cubos, y cuando los vecinos se quejaron, la empresa pintó el tanque de marrón, un color que disimulaba las fugas. Sus paredes crujían y retumbaban cada vez que se llenaba. Más tarde, los ingenieros concluyeron que el acero era demasiado delgado para el peso que soportaba. Días antes del desastre, tras una ola de frío con temperaturas de hasta -16 °C, un nuevo cargamento de melaza más caliente llenó el tanque casi hasta el borde.
Durante décadas, muchos se preguntaron cómo algo tan inofensivo como un jarabe pudo matar a tantas personas. En 2016 y 2017, la ingeniera aeroespacial Nicole Sharp y un equipo de la Universidad de Harvard probaron jarabe de maíz en un gran refrigerador y usaron un modelo de corrientes de gravedad, la misma física de los flujos de lava y las avalanchas, desarrollado por Herbert Huppert, de la Universidad de Cambridge. La clave es que la melaza se vuelve mucho más espesa al enfriarse. Cuando la tarde de invierno dio paso a la noche, la inundación se convirtió en una trampa fría y pegajosa: a los rescatistas les costaba moverse, y las víctimas luchaban por mantener la cara despejada para respirar.
La empresa culpó primero a una bomba anarquista. Siguió una demanda colectiva, y en 1925 un auditor nombrado por el tribunal dictaminó que la negligencia de los dueños había causado el colapso. La limpieza llevó semanas, con equipos que rociaban agua salada del puerto para disolver la melaza, y hay quien dice que el barrio olió a dulce durante años. Según el historiador Stephen Puleo, el desastre ayudó a crear normas que hoy parecen obvias, como exigir que los ingenieros firmen y sellen sus planos. El episodio merece un lugar en el estante de los capítulos más extraños de la historia, junto a la epidemia de baile que se apoderó de Estrasburgo en 1518.
Fuentes: Encyclopaedia Britannica; Ayuntamiento de Boston (Boston.gov); NBC News; The Guardian (2017); Stephen Puleo, Dark Tide (2003); The New York Times (16 de enero de 1919). Portada: escombros de la inundación de melaza en el North End de Boston, 1919, Boston Public Library, Wikimedia Commons, dominio público.