Urano huele a huevo podrido: el gas escondido en las nubes del planeta acostado

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En 2018, los astrónomos confirmaron que las nubes de Urano contienen sulfuro de hidrógeno, el gas del olor a huevo podrido. El hallazgo dice mucho sobre cómo nació el planeta.
Si pudieras meter la nariz en las nubes de Urano, olerías a huevo podrido. No es una broma: en 2018, un equipo de astrónomos confirmó que la parte alta de sus nubes contiene sulfuro de hidrógeno, el gas que da a los huevos podridos su hedor inconfundible.
Urano es el séptimo planeta desde el Sol y uno de los dos gigantes de hielo del sistema solar, junto con Neptuno. Su color verde azulado viene del metano, que absorbe la parte roja de la luz solar. También es el planeta que gira alrededor del Sol acostado, con el eje inclinado casi 98 grados, lo que da a cada polo un invierno oscuro de unos 21 años. Con una temperatura mínima de 49 kelvin, unos -224 °C, su atmósfera es una de las más frías del sistema solar.
Solo una nave lo ha visitado: la Voyager 2, gemela de la Voyager 1, que pasó junto a él el 24 de enero de 1986. Incluso después de esa visita, una pregunta básica quedó abierta. ¿De qué estaban hechas sus nubes? Los astrónomos debatían desde hacía mucho si la capa principal era sobre todo hielo de amoníaco o hielo de sulfuro de hidrógeno, pero nadie tenía una prueba definitiva.
La respuesta llegó desde Hawái. Patrick Irwin, de la Universidad de Oxford, y sus colegas analizaron la luz infrarroja de Urano captada por el telescopio Gemini Norte, de 8 metros, en Maunakea, con un instrumento diseñado originalmente para estudiar los alrededores de agujeros negros en galaxias lejanas. Justo por encima de la capa principal de nubes encontraron la débil huella del gas sulfuro de hidrógeno, en unas 0,4 a 0,8 partes por millón. "Tenemos la huella dactilar que atrapó al culpable", dijo Irwin. El resultado, publicado en Nature Astronomy, indica que las propias nubes están hechas en gran parte de hielo de sulfuro de hidrógeno.
No es solo una curiosidad. En Júpiter y Saturno, las nubes más altas son de hielo de amoníaco, y no se ve sulfuro de hidrógeno por encima de ellas. Según el científico planetario Leigh Fletcher, de la Universidad de Leicester, la diferencia probablemente quedó marcada cuando se formaron los planetas, porque el equilibrio entre nitrógeno y azufre dependía de la temperatura y del lugar donde nació cada gigante. Eso convierte el olor de Urano en una pista sobre su origen y sobre cómo pudieron migrar los planetas gigantes.
¿Un visitante lo olería de verdad? Irwin también respondió a eso: "Si algún humano desafortunado descendiera alguna vez por las nubes de Urano, se encontraría con condiciones muy desagradables y malolientes." Pero el hedor sería el menor de sus problemas. La asfixia y la atmósfera de -200 °C hecha de hidrógeno, helio y metano lo matarían mucho antes que el olor. Aquí en la Tierra, al menos, el cielo huele mejor: el olor a lluvia hasta tiene nombre propio, petricor.
Fuentes: Irwin et al., Nature Astronomy (2018); Observatorio Gemini; NASA Science (datos de Urano); ficha técnica de la misión Voyager de la NASA. Portada: Urano fotografiado por la Voyager 2 en 1986, NASA/JPL-Caltech, Wikimedia Commons, dominio público.


