Las palomas aprendieron a distinguir a Monet de Picasso y ganaron un Ig Nobel

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En 1995, investigadores japoneses entrenaron palomas comunes para separar cuadros de Monet y de Picasso, y las aves clasificaron incluso obras que nunca habían visto.
En 1995, tres psicólogos de la Universidad Keio, en Tokio, demostraron que palomas comunes podían aprender a distinguir un cuadro de Claude Monet de uno de Pablo Picasso y, después, clasificar correctamente pinturas que nunca habían visto. El estudio, firmado por Shigeru Watanabe, Junko Sakamoto y Masumi Wakita, ocupó diez páginas del Journal of the Experimental Analysis of Behavior, volumen 63.
El entrenamiento fue ciencia del comportamiento sin más. Las aves veían diapositivas en color de obras de ambos artistas y recibían comida cuando respondían al pintor correcto. Con el tiempo aprendieron a separar los dos estilos de forma fiable, sin que nadie les explicara qué es el impresionismo o el cubismo.
Lo más interesante llegó después. Cuando los investigadores les mostraron Monets y Picassos que nunca habían aparecido en el entrenamiento, las palomas siguieron acertando. Eso descarta la simple memorización de imágenes: las aves habían captado algo general sobre la manera de pintar de cada artista.
El equipo fue más allá con pintores que las palomas no habían visto nunca. Las obras de Paul Cézanne y Pierre-Auguste Renoir quedaron agrupadas con Monet, mientras que las de Georges Braque y Henri Matisse quedaron del lado de Picasso. Es decir, las palomas trazaron una línea parecida a la que trazan los historiadores del arte entre los paisajes impresionistas y los estilos modernos y fragmentados de principios del siglo XX.

Una última prueba reveló cómo miraban las aves. Poner los cuadros de Monet boca abajo empeoró su desempeño, pero los Picassos invertidos no causaron problemas. Los autores sugirieron que las palomas reconocían en parte objetos reales en las escenas impresionistas, como agua, árboles y barcos, que se ven mal al invertirlos, mientras que los lienzos cubistas no ofrecían objetos estables desde el principio.
El trabajo valió a Watanabe, Sakamoto y Wakita el Ig Nobel de Psicología de 1995, concedido por lograr entrenar palomas para distinguir las pinturas de Picasso de las de Monet. Los Ig Nobel premian investigaciones que primero hacen reír y luego hacen pensar, y esta cumple ambas mitades.
No fue un caso aislado. En 1964, Richard Herrnstein y Donald Loveland mostraron en Science que las palomas podían aprender un concepto visual complejo: detectar si aparecía una persona en una fotografía. Trabajos posteriores hallaron que estas aves pueden memorizar más de 1.800 imágenes.
La continuación más llamativa llegó en 2015, cuando el equipo de Richard Levenson y Edward Wasserman entrenó palomas con preparaciones de tejido mamario, en un estudio publicado en PLOS ONE. En unos 15 días, el acierto subió del 50 %, puro azar, a cerca del 85 % al distinguir tejido benigno de maligno, y se mantuvo con imágenes nuevas. Sumar los votos de cuatro aves llevó el resultado casi a la perfección, aunque las palomas fracasaron en la tarea más difícil, evaluar masas sospechosas en mamografías.
Nada de esto significa que las palomas disfruten del arte. Lo que muestran los experimentos es que reconocer el estilo de un pintor, algo que solemos considerar gusto humano cultivado, puede aprenderse solo a partir de patrones visuales por un animal cuyo sistema visual comparte muchos rasgos básicos con el nuestro.
Fuentes: Watanabe, Sakamoto y Wakita, Journal of the Experimental Analysis of Behavior (1995); Texto completo en PubMed Central; Improbable Research, ganadores del Ig Nobel; Herrnstein y Loveland, Science (1964); Levenson et al., PLOS ONE (2015). Portada: Paloma bravía, foto de Alan D. Wilson.
