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La Gran Guerra del Emú: cuando Australia mandó ametralladoras contra aves y perdió

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Primer plano de un emú mirando a la cámara en un prado de una granja
Pseudopanax / Wikimedia Commons · Public domain

··3 min de lectura·Historia·112 vistas

En 1932, soldados con ametralladoras Lewis y 10.000 balas fueron a la guerra contra 20.000 emús en el oeste de Australia. Las aves ganaron por puntos.

Parece un chiste, pero está en los archivos militares. En noviembre de 1932, el gobierno australiano envió soldados con ametralladoras a combatir una bandada de emús. Un mes después, los soldados volvieron a casa y los emús seguían allí.

La historia empieza después de la Primera Guerra Mundial. Miles de veteranos recibieron tierras en el oeste de Australia para cultivar trigo. Luego llegó la Gran Depresión, el precio del trigo se desplomó y el gobierno prometió subsidios que nunca llegaron de verdad. Para colmo, en 1932 unos 20.000 emús migraron hacia el interior tras la época de cría y encontraron una maravilla: campos abiertos llenos de cultivos y agua, alrededor del pueblo de Campion.

Los emús no son pequeños. Miden casi dos metros, corren a unos 50 km/h y recorren largas distancias buscando comida. Pisotearon el trigo y rompieron las vallas contra conejos, dejando entrar otras plagas. Los granjeros, muchos de ellos exsoldados, enviaron una delegación a Canberra. Querían ametralladoras.

El ministro de Defensa, Sir George Pearce, dijo que sí. La operación quedó a cargo del mayor G.P.W. Meredith, de la 7.ª Batería Pesada de la Artillería Real Australiana, con dos hombres, el sargento S. McMurray y el artillero J. O’Halloran, dos ametralladoras Lewis y 10.000 cartuchos. El gobierno incluso envió a un camarógrafo de Fox Movietone, esperando buena publicidad.

El primer contacto, el 2 de noviembre, fue un desastre. Los emús estaban fuera de alcance y, cuando los granjeros intentaron arrearlos, la bandada se dividió en grupitos y corrió en todas direcciones. El 4 de noviembre, Meredith preparó una emboscada en una represa donde bebían unos mil emús. Los tiradores esperaron a que las aves se acercaran, abrieron fuego… y la ametralladora se trabó después de matar a una docena. El resto desapareció.

Los soldados probaron a montar una ametralladora en un camión, pero el vehículo no alcanzaba a las aves en el terreno irregular y los saltos hacían imposible apuntar. Cada bandada parecía tener un vigía, un emú alto que vigilaba mientras los demás comían y daba la alarma en cuanto se acercaban los soldados. Tras gastar unas 2.500 balas, el ejército se retiró el 8 de noviembre, mientras la prensa, en Australia y fuera de ella, se lo pasaba en grande.

Los granjeros volvieron a quejarse y Meredith regresó el 13 de noviembre. Esta vez los resultados fueron mejores, y al final de la operación, el 10 de diciembre, informó de 986 emús abatidos con 9.860 balas, exactamente diez por ave, además de unos 2.500 heridos. Los historiadores tratan esa última cifra con mucha desconfianza. Su frase más famosa fue sobre la resistencia de las aves: “Pueden enfrentarse a las ametralladoras con la invulnerabilidad de los tanques.”

Al final, la solución fue mucho menos cinematográfica. Los granjeros pidieron ayuda militar otra vez en 1934, 1943 y 1948, y se la negaron. En su lugar, el gobierno ofreció recompensas por cada emú abatido, que eliminaron muchas más aves que las ametralladoras, y se construyeron vallas mejores. Hoy el emú es una especie nativa protegida y aparece en el escudo de Australia, justo al lado del canguro. La fauna australiana no deja de sorprender: el wombat, otro marsupial, hace caca en forma de cubo. Difícil imaginar un final mejor para los ganadores de la guerra.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, ABC (Australian Broadcasting Corporation), The Sydney Morning Herald, Archivo Nacional de Australia. Portada: retrato de emú en Lindale Farm, por Pseudopanax, dominio público.

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